miércoles, 15 de mayo de 2013

Rebeldía

Detalle de las telas medievales que tejía Lady of Shalott. John William Waterhouse. 

Ella muere al final de esta historia de mitos, espejos y anhelos. Muere en la otra orilla del lago, junto a unos juncos mecidos probablemente por una brisa tenue. Muere mientras los cirios de la barcaza que fluye hacia el reino de la Mesa Redonda se apagan en un réquiem sin esperanza.  Muere en el instante en el que el bosque y la bruma guardan al unísono el silencio de despedida para el hada cantora.

Comenzar un cuento por el desenlace rotundo de la muerte de su protagonista no desmerece este intento de esbozar el perfil gigante e indómito de Eleanor, un personaje reconocido en la mitología artúrica como la Dama de Shalott y que los relatos simplones han reducido a actriz de un amor imposible, algo así como: dama indefensa se enamora de caballero valiente y, en su intento de conocerle, muere por torcer su destino. Fin.

Porque Lady of Shalott es para los ojos de Iconos una dama valiente y rebelde que decide pisotear su mala ventura para intentar conocer al hombre del que se enamora en la distancia. Es consciente del importe de su osadía y aún así rompe el compás, rompe la letra y perturba la armonía de la canción envolvente que entona en su encierro.

Desde la atalaya, Lady of Shalott cumple el destino envenenado de tejer los más bellos paños sobre los caballeros de Camelot sin poder observar directamente con sus ojos el reino mítico sin poder observarlos directamente.. Sólo puede hacerlo a través de un espejo en el que se refleja al detalle los movimientos de los guerreros artúricos y que permanece a su lado, siempre, junto al telar.

Canta la dama para endulzar la amargura de sus días enteramente dedicados a anudar en la urdimbre las crónicas del Camelot reflejado. Anuda sueños y resignación, valentía y resignación, poder y resignación. Siempre resignación. Hasta aquella mañana en la que, del caballo de crines doradas, desciende el hombre con el que desea cruzar la mirada. Entonces Lady of Shalott retira la mirada del espejo y gira su rostro hacia la ventana, donde fija las pupilas en los ojos de Lancelot.

El telar se quiebra y se quiebra el espejo. La maldición se desata. Las telas escapan volando por la ventana y conforman la barcaza sobre la que la Eleanor fluye hacia su agonía y también hacia su amor. Sabe que la rebeldía se cobrará hasta el último de sus latidos pero ¿qué clase de vida merece ser vivida si en ella no está lo que se ama?

Cuadro completo de Waterhouse, basado en un poema de Lord Tennyson


Este cuadro del considerado último pintor prerrafaelista, John William Waterhouse, está inspirado en el poema Lady of Shalott de Lord Alfred Tennyson, que a su vez se basó en una leyenda artúrica.

"Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shalott."


miércoles, 8 de mayo de 2013

Como brasas silenciosas

Del blog "Un cajón revuelto"

 Hay mañanas que las circunstancias atenazan el sentido hasta casi asfixiar ese bendito gen de rebelión que se encadena al ser o no ser. Hay mañanas de sonrisas emborronadas y de alientos gélidos pero también hay mañanas, a esas me aferro, en las que “aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento”* el ánimo se hace antídoto de la desazón.

Siempre existe una salida, una fisura por la que escapar, un poro para evaporarse, una posibilidad. O cien. Y si otras padecieron lo indecible, no es mi caso, y  consiguieron superarlo ¿quién soy yo para arrojarme al desconsuelo por los ataques que dispara la impotencia?

Que se lo pregunten a las beguinas, aquellas mujeres que a partir del siglo XII convirtieron la necesidad en virtud y consiguieron ser libres y formadas en la sociedad medieval, una comunidad poco partidaria de la independencia y de la educación femeninas que llegó a considerar, en casos extremos, a la mujer como un “varón defectuoso”. En todos los tiempos la cobardía afila los cuchillos, las lenguas y la ignorancia.

Sueño a las beguinas como brasas silenciosas y lentas que continúan ardiendo bajo un fuego aparentemente extinguido. Ellas, sin aspavientos pero con decisión, protagonizaron una auténtica revolución contra el poder de la iglesia. Y en esta batalla del espíritu y por la libertad aplicaron una estrategia capaz de conciliar su doble intención de vivir una existencia consagrada a la fe pero al margen de la estructura eclesiástica. Su compromiso espiritual era tan fuerte como el de una monja, aunque entre sus votos no era obligada la castidad ni la pobreza.

Para lograr esta conciliación construyeron dos estructuras: una red de intereses comunes, una urdimbre inmaterial, intangible y muy potente de mujeres y para mujeres y, en segundo lugar, unos espacios físicos –los beguinatos, algunos aún en pie y catalogados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad- donde compartir, aprender y crear sin perder la individualidad de cada una de sus integrantes.

El esqueleto ideológico de las beguinas fue una corriente de pensamiento absolutamente autónoma de los hombres y encarna, con toda probabilidad, una de las experiencias de vida femenina más libre de la Historia. Lograron ser independientes de los poderes masculino y eclesiástico en una etapa en que las mujeres contraían matrimonio con Dios o con el hombre pero nunca quedaban solas.

Los beguinatos se convirtieron en refugios de libertad, en islas donde expandir la creatividad sin someterse a la censura. Es comprensible que este movimiento de rebeldía intelectual que se inició en Flandes se extendiera vertiginosamente por el este y el sur de Europa, que contagiara de inconformismo latente a las mujeres de aquel continente en ciernes.

Tras los muros emancipadores de los beguinatos se alojaron las mujeres indómitas del medievo, las solteras impenitentes, las hartas del sometimiento, las viudas solidarias, las casadas agotadas de esperar al guerrero, las pobres curiosas y las ricas inquietas. Todas ellas inconformistas pacíficas que dedicaron su tiempo a leer y aprender, a escribir poesía y a tejer encajes, a rezar y a conservar, ocultos dicen, algunos escritos incómodos para los poderes eclesiales. 

 Y sin intermediarios con lo divino, en su faceta más terrenal se encargaban de engrasar su solidaridad cuidando enfermos y moribundos, rezando al muerto, amortajándolo –esa tarea siempre realizada por las mujeres- y acompañándolo al cementerio, para disipar cualquier duda sobre su dedicación celestial. Así las beguinas se convirtieron en personajes imprescindibles en la vida medieval aunque sin duda en mi memoria y, seguramente, en la de la mayoría de las personas inconformistas serán recordadas por su rebeldía sosegada y discreta, como las brasas silenciosas y lentas que continúan ardiendo bajo un fuego aparentemente extinguido.

Que tengan feliz semana.

*Versos de Mario Benedetti. 

PD: La necesidad de un espacio específicamente femenino fue descrito por Cristina de Pizán a principios del siglo XV en “El libro de la Ciudad Damas”, aunque siglos antes las beguinas ya habían materializado la existencia de un espacio similar al imaginado la escritora francesa. 




miércoles, 1 de mayo de 2013

Maius




La mirada transita, perdida, sobre las briznas que resistieron el invierno en  la llanura. Toma las riendas del corcel del mismo modo que acaricia la trenza de su amada, con la delicada intención de absorber la suavidad de las hebras a través de la piel que el campo endureció sin remedio.

Quizá el soldado campesino, probablemente campesino-soldado, quiere eludir su destino en el campo de batalla porque prefiere el aroma a tierra mojada al hedor del hierro empapado en sangre, un olor capaz de reptar hasta la cara más oscura del corazón vía pituitaria.

Quien lo observe puede adivinar sin demasiada sagacidad que camina hacia la guerra porque porta un escudo. No hay armadura ni lanza evidentes, tampoco hay más indicios belicosos. Serán cuerpo y caballo las principales armas de una batalla que puede comenzar cuando comienzan las contiendas en la Edad Media: a partir del mes de mayo, porque es cuando usualmente llega el buen tiempo.

Que no se diga que los mandamases medievales no eran pragmáticos ni ordenados en la planificación de sus luchas. Con lluvia, nieve y frío las campañas resultaban costosas e inútiles. En el verano, las tropas podían deshidratarse en poco tiempo bajo el implacable Helios ibérico. Por tanto, los equinoccios eran los momentos idóneos para el ataque. Mayo ha de ser así representado.

Probablemente por esta razón aparecen un caballo, un soldado y su escudo como elementos figurativos del mes de Maius en el Calendario Agrícola de San Isidoro de León. En un primer recorrido visual por este mesario tan afamado sorprende una escena (suavemente) guerrera entre las dedicadas a las labores al campo. Pero todo tiene su sentido. La aclaración meteobélica de Maius hace que la pieza encaje en el resto de la composición.

Si me permiten una sugerencia, a pesar de la belleza de la imagen y del calendario, no recuerden mayo como el mes de partir hacia la guerra. No hay meses buenos para ir a la pelea. Todos los días, por el contrario, son idóneos para el sosiego. La montura de ese rocín despistado parece invitar a un ligero trote a la orilla de un río más que al galope desbocado hacia la siempre injusta batalla.

Que tengan una feliz semana.

miércoles, 24 de abril de 2013

La casualidad nos da lo que no se nos ocurre pedir


Qué palabra escribirá usted al probar el trazo de una pluma? Déjeme imaginar. Probablemente escriba su nombre;  o el de la persona a la que ama, como si quisiera afianzar con el gesto de espontaneidad caligráfica su amor sobre el papel. Quizá escriba el nombre de su color favorito, o un garabato alocado o la estrofa de su canción preferida, o que estampe su firma en una esquina del folio.

En estos tiempos digitales, averiguar de qué lado se inclina su caligrafía es un juego cada vez más complicado por falta de oportunidades (¿escribiría tantos mails si fueran de su puño y letra?) pero de producirse ese bellísimo gesto de empuñar una pluma sería bastante usual que usted probara, en un rinconcito de la hoja, el trazo que dibuja la tinta antes de dejarse arrastrar por las curvas y rectas que conectan su mano y su pensamiento.




 En la Edad Media los escribas también probaban el estado de sus cálamos antes de comenzar a marcar los abigarrados grafemas en aquellos siglos sin demasiada cultura escrita. Las pruebas en los márgenes o en los espacios en blanco de los pergaminos se denominan probatio calami sive pennae. En algunos casos el escriba dejó que su imaginación visual trazara el perfil de una figura, en las más sólo calibró la pluma con un garabatillo inocente y en alguna ocasión llegó a escarabajear alguna estrofa de su romance favorito.

Y aunque en general han sido desdeñadas como se desestima un rayajo, algunas probationes calami han sido descubiertas como pequeños tesoros de la historia cotidiana. Por ejemplo, el hispanista Samuel Armistead recogió unos papeles aprovechados para encuadernar códices árabes donde el amanuense puso  "conde claros con amo", un fragmento que -según un estudio de Cleofé Tato, profesora de la Universidade da Coruña - corresponde con el segundo dieciseisílabo del romance del Conde Claros insomne: Medianoche era por filo/ los gallos querían cantar/ Conde Claros con amores no podía reposar.

También la Biblioteca Nacional de Madrid guarda un códice de principios del siglo XVI que contiene un manuscrito titulado Flor de Cirugía, de Fernando de Córdoba, con una probatio pennae rescatada del olvido de nuevo por la investigadora en un número de la Revista de Filología Española de 2010. Dice Tato:

 
“Da la sensación de que, cuando el vuelto del último folio estaba totalmente en blanco, una mano posterior a las que intervienen en la copia del códice (no muy alejada del momento en que se confecciona éste), con una letra menos cuidada y más cursiva, hace una prueba de pluma y copia en el centro del folio los dos primeros dieciseisílabos de un romance viejo cuyo íncipit reza “Muerto estava Durandarte” (sic); algo después otras manos distintas aprovechan el espacio en blanco que queda en la parte superior e inferior del folio e introducen otras anotaciones.

Según esta doctora en Filología Hispánica, la datación de este fragmento escrito corresponde al siglo XVI lo que indica que mucho antes, quizá en la primera mitad de siglo, la pieza pudo ser perfectamente conocida en la tradición oral. Y precisa un paso más la profesora Tato cuando explica que el tema de Durandarte se liga con otro romance anterior, que a su vez se encadena con otro de antes. Es decir, que esa anotación que quizá nos pareció absurda o anodina en un primer vistazo arrastra tras de sí una larga cadena de tradición oral. La comunicación -a pesar de los siglos, de las inclemencias y de las barbaridades- ha cumplido su proceso.

Algunas de aquellas pruebas de caligrafía han resultado muy reveladoras para los estudiosos de la literatura y lingüistas. Por ejemplo, cita la autora del estudio, quizá uno de los más antiguos testimonios del italiano conduzca a una probationes pennae, una adivinanza trazada por una m ano del siglo VIII o IX.

Todo está en su sitio. Ningún gesto es desdeñable, ni siquiera ese garabato que usted dibuja cuando, antes de escribir, prueba su pluma.  Quizá dentro de 500 años alguien lea su probationes pennae desde el espacio exterior o desde las profundidades de la tierra.

Que tengan feliz semana.  


Imágenes obtenidas de la página web de Virtual Manuscript Library of Switzerland.

Les invito también a leer el artículo completo sobre el Romance "Muerto Yaze Durandarte" y la Probatio Calami de la profesora Cleofé Tato, a la que agradezco sinceramente su trabajo meticuloso y muy atractivo sobre esos garabatos tan "casuales".

 Pueden acceder a este artículo pinchando justo aquí



 



miércoles, 17 de abril de 2013

El barco del deleite



El barco del deleite: divertimento de M. Sánchez sobre un fragmento de El Jardín de las Delicias, de El Bosco


Esta historia comienza un jueves de luz mortecina y sombras alargadas. Un jueves de los jueves de toda la vida, de esos que quieren asomarse al viernes pero aún cabalgan enredados en los estribos de la mitad de la semana. Este pequeño viaje por un pellizco de la historia del arte comienza de forma repentina, como llegan las sorpresas capaces de ruborizar la palidez a lo cotidiano.

Comienza con un juego, con un divertimento al que me invita alguien de quien desconozco su voz, su rostro y casi todo pero con el que me he cruzado varias veces en algunas latitudes del espacio y del tiempo. Llegó en el momento perfecto, en el instante adecuado para inclinar la balanza del día, que insistía en escorarse en sentido contrario, hacia el lado de lo bueno, a este lado desde el que le escribo.

Esta pequeña historieta se abre con una zanfona girada y soñada como un barco que navega hacia el deleite (The ship of delight, gracias Manuel), con una diablura que hubiera sido la delicia de El Bosco, el que la pintó primero, enderezada, en un jardín de delicias y demonios, si es que ambos no son lo mismo.

Sobre su cubierta, viento a un largo, puse rumbo a la travesura de imaginar la zanfona en diversos mares del arte. Usted sabe –se lo he contado hasta la saciedad- del sentimiento que me procura ese instrumento medieval al que, como un Casanova sonoro y bandido, amo y “desamo” cuando entre mis manos gruñe cascarrabias, en vez de susurrarme palabras de locura y amor, si es que ambas cosas no son lo mismo.

De la zanfona adoro sus formas, la bravura de los bordones, el genio de la trompeta, la empatía de las simpáticas y la miel de las cantoras. Adoro su olor, la ligereza de su porte, el color de sus fragmentos y las ondas vibrantes que tatúa en el vientre maduro. Así que ¿por qué no viajar sobre el barco de placer y alegría hacia otros mares en busca de más zanfonas?



Y en aquel trayecto de ensueño encontré algunas como éstas:

Manuscript York Psalter. Organistrum.


Book of hours. Morgan Library.


El Bosco. La tentación de santo Tomás


Books of hours. Sforza.



Georges de La Tour. Zanfona y perro.

George de La Tour. Riña de músicos


George de La Tour. Zanfona
Nicolaes Maes. Liereman



Saint-Martin Aux Bois

Estella. Organistrum



Toro. Organistrum


Organistrum Pórtico de la Gloria. Santiago de Compostela.



Richard Caton Woodville's "The Italian Boy with Hurdy-Gurdy"

The Hurdy Gurdy Girl :: Jules Richomme
Donatien Nonnotte 'Hurdy Gurdy ' (1708-1785)




Para otro día dejamos el debate de si organistrum y zanfona son el mismo instrumento. 
Que tengan feliz semana.