miércoles 11 de noviembre de 2009

CSI Soria














Nadie duda de la importancia de los iconos medievales y de que constituyen -además de un ejercicio de inigualable belleza- una fuente importante de datos sobre la vida cotidiana en la Edad Media. Pero esta historia que me envía un amigo, y que fue publicada hace meses por el diario El País, tiene unos tintes cinematográficos de suspense que bien podrían formar parte del guión de un capítulo de CSI…Soria.

En la iglesia románica de San Nicolás, en pleno centro soriano, se encuentra un raro fresco que representa un momento clave de la historia de la vieja Inglaterra: la muerte de Santo Tomás Becket y la “fotografía” del momento preciso en el que su asesino le clava una daga por la espalda.

Becket, amigo y confidente del rey inglés Enrique II de Plantagenet, llegó a ser arzobispo de Canterbury, una posición que le dio autoridad y contactos suficientes para oponerse a las reformas legales que el monarca pretendía poner en marcha para quitarle poder al clero, en concreto a una ley que llevaría a los religiosos que hubieran cometido delito civil ante un tribunal civil. La oposición de Becket a esta norma le costó la vida ya que su real amigo ordenó su asesinato. Fray Tomás murió violentamente un 29 de diciembre del año 1170 mientras rezaba en la catedral de Canterbury.

Hasta este momento es un relato de intriga bastante común en la Edad Media. Pero ¿qué tiene que ver con la ciudad de Soria?. Alfonso VIII, rey de Castilla, se casó en 1170 con doña Leonor, hija de Enrique II, y le dio en arras a su esposa la ciudad de Soria. Leonor de Plantagenet quiso homenajear al antiguo amigo de su padre y pidió que se pintara el asesinato de Fray Tomás en las paredes de San Nicolás. Así nos encontramos en plena ciudad soriana una escena macabra, con “foto” incluída, del asesinato de un opositor al rey inglés.

Lo terrible no es sólo lo que cuenta la imagen, sino su lamentable conservación. A raíz de la denuncia que el diario El País hizo sobre la conservación del fresco, la cadena británica BBC hizo un seguimiento de la pintura y pudo constatar que desde que se descubrió la escena –hace ya 30 años- ha sufrido un deterioro notable y “la mitad de la obra ha desaparecido”. La BBC obtiene esta conclusión tras comparar las fotografías actuales con las tomadas a finales de los años setenta. Así que la cadena británica ha puesto el grito en el cielo y ha denunciado que en las últimas tres décadas nadie se ha hecho cargo del “raro tesoro medieval” y que parte del problema es que ni siquiera los sorianos conocen la existencia de este fresco. Son conclusiones de la cadena británica, que quede claro.

San Nicolás perteneció hasta hace cinco años al patrimonio de la iglesia católica. Ahora en manos del ayuntamiento de Soria, su alcalde asegura que se llevarán a cabo los trabajos de restauración necesarios para conservar las pinturas. El ayuntamiento planteó a la Junta de Castilla y León un plan de salvamento con un presupuesto de 2,5 millones de euros. Dicho plan contempla la rehabilitación de la zona exterior de la iglesia de San Nicolás, la restauración de los restos y las pinturas y la creación de un espacio de cien metros cuadrados destinados a actividades culturales, indica la noticia de El País.

De momento, San Nicolás tiene repartidos por diferentes templos de la ciudad los tesoros que contuvo en sus muros. Por ejemplo, su portada fue trasladada en 1908 a San Juan de Rabanera; el frontal románico descubierto en unas obras en 1933 fue trasladado a la concatedral de San Pedro; el altar mayor está en San Francisco y el tríptico flamenco está depositado en el museo de arte sacro de San Pedro. Todo un despiece.

Cruzamos los dedos y alentamos la paciencia y la esperanza pues parece que hay intención y dinero para salvar las ruinas de San Nicolás y las pinturas que cuentan al mundo cómo fue el asesinato de Fray Tomás Becket. Caso resuelto… espero.

(Antes de colgar este comentario traté de confirmar, sin éxito, si el plan propuesto por el Ayuntamiento había sido aceptado por la Junta de Castilla y León. Si alguno de los paseantes de Iconos Medievales tiene algún dato al respecto, le agradecería que me lo comunicara.)

sábado 7 de noviembre de 2009

Dime quién eres y te diré de qué color vistes


En la corte del rey Alfonso X de Castilla existió una normativa específica y detallada que concretaba cómo debían vestir sus súbditos. Además de las generalizaciones del tipo mujer viste de largo, hombre de corto salvo en contadas ocasiones como ceremonias o actos litúrgicos, la vestimenta medieval estaba tipificada según la clase social, la profesión o la confesión religiosa, pues era un distintivo social de máxima importancia.

Campesinos y gentes modestas vestían de color negro. No era sólo porque los laboratores no tuvieran posibilidades económicas para adquirir ropa de lujo, sino porque debían ajustarse a las normas férreas de la corte alfonsina.

Las normas sobre el vestido afectaban también a los eclesiásticos, que tenían prohibido el uso de ropas bermejas, verdes o rosadas. Los clérigos debían llevar calzas negras, prescindir de cendales y de zapatos con hebillas y utilizar en sus cabalgaduras sillas blancas. La norma se suavizaba con los canónigos, que sí podían llevar cendales con tal de que no fueran rojos o amarillos y usar sillas azules en sus cabalgaduras. Las medidas cromáticas de las cortes de Valladolid de 1258 segregaban a judíos y musulmanes. Los hebreos no podían llevar pieles blancas, ni cendales de ningún tipo, ni calzas rojas ni paños de color. Idéntica norma con los mudéjares, a quienes además se les prohibía utilizar zapatos blancos o dorados.

Los poderosos hacían ostentación de sus ropajes, con vivos colores y paños de calidad, mientras que labriegos y artesanos lógicamente usaban paños de menor calidad y de tonos más oscuros. Esta normativa del atuendo puede resultar extraña en nuestros tiempos aunque, tras unos minutos de meditación, encontramos en la actualidad identificaciones cromáticas con, por ejemplo, tribus urbanas o creencias religiosas: el negro para los góticos y heavies o el azafrán para los Hare Krishna.

Las miniaturas pintadas en la corte del rey sabio –como las Cantigas o el Libro de Juegos- constituyen, además de una fuente casi fotográfica de datos sobre instrumentos y entretenimiento, una valiosa recopilación del modo de vestir medieval. Sobre el pergamino de los códices se puede admirar la moda gótica que se fue introduciendo poco a poco en el reino de Castilla, que se fue enriqueciendo con características peculiares “a la española”. Aparecen las camisas “margomadas” o bordadas con colores, el pellote ribeteado de origen hispano, el manto que arrastra y, a la cabeza, los velos o implas y las altas tocas de armazón de pergamino.

Respecto al atuendo masculino, en los pergaminos miniados de la corte de Alfonso X también se detallan las sayas encordadas, los pellotes a media pierna, los tabardos con aberturas laterales por donde asomaban los brazos y los caballerosos mantos, de los que el rey sabio habló en las Partidas.

También es de interés la indumentaria de los árabes, más exótica, con sus alquiceles de lana blanca, los albornoces y los turbantes. Y de las jóvenes moriscas, con sus manos pintadas de polvo de alheña. No podían faltar los judíos, con sus pardas y severas vestimentas, alrededor del rey sabio. Todo un catálogo del modo del vestir medieval.


Rescato un video de hace unos meses para hacer un repaso a los atuendos en la corte del rey Alfonso X:

miércoles 4 de noviembre de 2009

Este invierno se lleva la aljuba



La diseñadora catalana Bibiane Blue recomienda a las mujeres que aguantemos la respiración porque vuelve el temido corsé y afirma que esta prenda da a la figura femenina sofisticación y sensualidad. Me niego a correr por el andén del metro con unas ballenas clavadas en las costillas. Me niego a agacharme para abrochar el cinturón de seguridad a mis hijas en el coche y sentir las punzadas de una docena de varillas incrustadas en las vísceras o a empujar el carro de la compra con cara de haber sido atravesada por una lanza. Me niego a aguantar la respiración como si estuviera todo el día buceando. A pesar de mi pronunciada coquetería, renuncio a este tipo de sofisticación y sensualidad.

A cuenta de las modas y en ese camino de lograr éxito y atracción, las mujeres hemos sido –somos- capaces de embutirnos en atuendos insospechados, inverosímiles y manifiestamente incómodos. Aunque el concepto de moda semejante al actual no surge hasta el siglo XIV, las mujeres medievales también se sometieron a las tendencias textiles. Por ejemplo: en el siglo XI, lo más chic era vestir a la moda bizantina, con ropas largas y ampulosas, y de anchas mangas. Para combatir el rigor invernal, mantos y túnicas. En esta prenda, había muchas variantes de influencia musulmana. Estaba la mutebag, ajustada y sin mangas; el mofarage o mofarrex, con abertura desde la cintura que dejaba las piernas al descubierto, las túnicas largas a picos por detrás y las que arrastraban cola. Las clases pudientes llevaban túnicas de diferentes longitudes, de manera superpuesta. Las exteriores se llamaban pintelles o aljubas, aunque también hay reseñas de la adorra, que al ir abotonada por delante podría ser una de las referencias más antiguas de los botones.

Se desarrollaron variedades de mantos, que podían ser forrados de pieles (de cordero, comadreja, conejo o de todo a la vez) o de lana. Combatir el frío era cosa seria en el medievo, así que se colocaban un manto pesado para salir de casa (que a veces completaban con una capa) y vestían otro más ligero en el interior de la vivienda. Como ropa interior, un simple camisón, sin nada debajo (suficiente ropa ya llevaban encima y la lencería todavía no se había inventado)

La cabeza era también objeto de moda. Usaban las mujeres medievales gorros con aspecto de cofia o de ala ancha, pero siempre, al salir de casa, sus cabellos debían ir cubiertos como señal de modestia. Si la mujer era casada, el pelo debía ir siempre recogido y si era soltera llevaba “peinado de doncella”. ¿Por qué esta diferencia? Existen teorías que sostienen que el pelo suelto es un símbolo sexual. De hecho, todos recordamos alguna escena cinematográfica en la que una mujer se suelta la melena y la agita al viento justo antes de un momento de creciente intensidad erótica.

Pelo cubierto o pelo al viento, la influencia musulmana llegó a las mujeres cristianas, que adaptaron el velo facial a su estilo, una moda que enfadó a los ulemas porque veían en ella la disolución y contaminación de las buenas costumbres. La España musulmana competía con Oriente en la manufactura de telas, así que las que mujeres de posibles se vestían con ropajes de rica seda, con brocados y bordados en empuñaduras, mangas y hombros. Ágata Ruiz de la Prada podría inspirarse en el colorido medieval de las prendas, porque no era raro encontrar una misma prenda elaborada con diferentes telas de colores, una práctica costurera que dio lugar a una moda con nombre propio: la gayadura (podría ser la típica ropa de los bufones). El colorido estaba reservado a las clases altas, ya que el campesinado vestía con ropas de color oscuro no sólo por la dificultad para adquirir ricas telas, sino porque existían férreas normas que regulaban los atuendos. Pero ésa es otra historia.

Quizá lo más llamativo de este proceso sea la progresiva adaptación del vestido al cuerpo. Se pasó de una escasa diferenciación entre atuendo masculino y el femenino a la adaptación de los ropajes a las formas corporales. De ahí surge, a partir del siglo XII, el encorsetamiento de la cintura, el pecho alto, los guantes, velos y pieles con un fin más ornamental que práctico. Los progresos de la moda fueron a la par que el desarrollo de la industria textil, y así fue evolucionando, transformándose, acortándose, complicándose o simplificando hasta el siglo XXI, en el que diseñadores y gurús de la moda se empeñan en que nos volvamos a colocar el corsé y quién sabe si el cinturón de castidad. La moda es la moda, ya saben.



 
Bloglisting.net - The internets fastest growing blog directory