
Enredada entre pinceles y colores, vuelvo a pintar para dar sentido a este blog llamado Iconos Medievales. Hay semanas en las que sueño con letras y otras en las que los colores me acompañan en el descanso. Ahora, que por fin el invierno ha llegado, es tiempo de cadmios, ultramares, verdes antiguos y negros profundos; es tiempo de dragones, de batallas que hicieron historia y de desembarcos que sembraron la orilla de cadáveres, aunque el pintor olvidara pintarlos. Ahora es tiempo de cenefas, requiebros, y torturas para el iris. Es tiempo de colores.
Y en este vaivén, en el que aproveché para hacerle un guiño con lágrima al desengaño, me viene a la cabeza un Alberti pintor/poeta o poeta/pintor que conjugó literatura y pintura con la inocencia de un niño y la perfección de una esfera.
El catedrático de Literatura José Carlos Mainer, en un artículo publicado por el diario El País hace casi ya tres años bajo el título “Pinturas a pluma, poesías a pincel” , hace un repaso breve pero denso por algunos de aquellos escritores que rimaron los colores, que traspasaron la dimensión literaria para ahondar en el volumen de las figuras pintadas. Comienza Mainer su paseo por la gran pinacoteca con Manuel Machado, aquel de los poetas modernistas que también destacó por sus trabajos dedicados a grandes cuadros de grandes maestros.
Y en este vaivén, en el que aproveché para hacerle un guiño con lágrima al desengaño, me viene a la cabeza un Alberti pintor/poeta o poeta/pintor que conjugó literatura y pintura con la inocencia de un niño y la perfección de una esfera.
El catedrático de Literatura José Carlos Mainer, en un artículo publicado por el diario El País hace casi ya tres años bajo el título “Pinturas a pluma, poesías a pincel” , hace un repaso breve pero denso por algunos de aquellos escritores que rimaron los colores, que traspasaron la dimensión literaria para ahondar en el volumen de las figuras pintadas. Comienza Mainer su paseo por la gran pinacoteca con Manuel Machado, aquel de los poetas modernistas que también destacó por sus trabajos dedicados a grandes cuadros de grandes maestros.

Dice Mainer que a los modernistas les encantaba la écfrasis, nombre griego que designa la descripción literaria de una obra plástica. Canta Machado la écfrasis de “La Anunciación”, de Fray Angélico, de la siguiente manera:
La campanada blanca de maitines
al seráfico artista ha despertado,
y, al ponerse a pintar, tiene a su lado
un coro de rosados querubines.
Y ellos le enseñan cómo se ilumina
la frente, y las mejillas ideales
de María, los ojos virginales,
la mano transparente y ambarina.
Y el candor le presentan de sus alas
para que copie su infantil blancura
en las alas del ángel celestial,
que, ataviado de perlinas galas
fecunda el seno de la Virgen pura,
como el rayo del sol por el cristal.
Recuerda también Mainer a José Ortega y Gasset, con el ensayo “Tres cuadros del vino”, en el que disecciona óleos de Tiziano, Poussin y Velázquez, continúa con Eugenio d´Ors y su “Tres horas en el Museo del Prado” y remata el jugoso artículo con el pintor/poeta o poeta/pintor gaditano, Rafael Alberti. Copio a Mainer: “Para Rafael Alberti, nuestro último visitante, el museo se presenta ya como un gozoso ataque de builimia. No cabe leer sin conmoverse aquella introducción, '1917', que ofrece la edición de 1948 de A la pintura (poema del color y de la línea) (que en 1944 tuvo su primera salida): "Mi adolescencia: la locura / por una caja de pintura", exclama antes de confesar "la sorprendente, agónica, desvelada alegría / de buscar la Pintura y hallar la Poesía", frase que pido prestada para titular estas líneas.
A cientos de años luz de mis posibilidades pictóricas y literarias quedaron los versos y las palomas de Alberti, los caligramas de Apollinaire, las cadencias y mujeres de fuego de Luis Eduardo Aute y de otros que quedaron nublados en mi recuerdo. Pero, a pesar de la distancia de los astros con la tierra, ahora pienso -o deseo- que en la búsqueda de la pintura, he de hallar la poesía. Y en ese camino, me vuelvo a enredar entre pinceles y colores, pintando palabras, escribiendo azules…
Recuerda también Mainer a José Ortega y Gasset, con el ensayo “Tres cuadros del vino”, en el que disecciona óleos de Tiziano, Poussin y Velázquez, continúa con Eugenio d´Ors y su “Tres horas en el Museo del Prado” y remata el jugoso artículo con el pintor/poeta o poeta/pintor gaditano, Rafael Alberti. Copio a Mainer: “Para Rafael Alberti, nuestro último visitante, el museo se presenta ya como un gozoso ataque de builimia. No cabe leer sin conmoverse aquella introducción, '1917', que ofrece la edición de 1948 de A la pintura (poema del color y de la línea) (que en 1944 tuvo su primera salida): "Mi adolescencia: la locura / por una caja de pintura", exclama antes de confesar "la sorprendente, agónica, desvelada alegría / de buscar la Pintura y hallar la Poesía", frase que pido prestada para titular estas líneas.
A cientos de años luz de mis posibilidades pictóricas y literarias quedaron los versos y las palomas de Alberti, los caligramas de Apollinaire, las cadencias y mujeres de fuego de Luis Eduardo Aute y de otros que quedaron nublados en mi recuerdo. Pero, a pesar de la distancia de los astros con la tierra, ahora pienso -o deseo- que en la búsqueda de la pintura, he de hallar la poesía. Y en ese camino, me vuelvo a enredar entre pinceles y colores, pintando palabras, escribiendo azules…









