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| Detalle de las telas medievales que tejía Lady of Shalott. John William Waterhouse. |
Ella muere al final de esta historia de mitos, espejos y anhelos. Muere
en la otra orilla del lago, junto a unos juncos mecidos probablemente
por una brisa tenue. Muere mientras los cirios de la barcaza que fluye
hacia el reino de la Mesa Redonda se apagan en un réquiem sin esperanza.
Muere en el instante en el que el bosque y la bruma guardan al unísono
el silencio de despedida para el hada cantora.
Comenzar un cuento por el desenlace rotundo de la muerte de su protagonista no desmerece este intento de esbozar el perfil gigante e indómito de Eleanor, un personaje reconocido en la mitología artúrica como la Dama de Shalott y que los relatos simplones han reducido a actriz de un amor imposible, algo así como: dama indefensa se enamora de caballero valiente y, en su intento de conocerle, muere por torcer su destino. Fin.
Porque Lady of Shalott es para los ojos de Iconos una dama valiente y rebelde que decide pisotear su mala ventura para intentar conocer al hombre del que se enamora en la distancia. Es consciente del importe de su osadía y aún así rompe el compás, rompe la letra y perturba la armonía de la canción envolvente que entona en su encierro.
Desde la atalaya, Lady of Shalott cumple el destino envenenado de tejer los más bellos paños sobre los caballeros de Camelot sin poder observar directamente con sus ojos el reino mítico sin poder observarlos directamente.. Sólo puede hacerlo a través de un espejo en el que se refleja al detalle los movimientos de los guerreros artúricos y que permanece a su lado, siempre, junto al telar.
Canta la dama para endulzar la amargura de sus días enteramente dedicados a anudar en la urdimbre las crónicas del Camelot reflejado. Anuda sueños y resignación, valentía y resignación, poder y resignación. Siempre resignación. Hasta aquella mañana en la que, del caballo de crines doradas, desciende el hombre con el que desea cruzar la mirada. Entonces Lady of Shalott retira la mirada del espejo y gira su rostro hacia la ventana, donde fija las pupilas en los ojos de Lancelot.
El telar se quiebra y se quiebra el espejo. La maldición se desata. Las telas escapan volando por la ventana y conforman la barcaza sobre la que la Eleanor fluye hacia su agonía y también hacia su amor. Sabe que la rebeldía se cobrará hasta el último de sus latidos pero ¿qué clase de vida merece ser vivida si en ella no está lo que se ama?
Comenzar un cuento por el desenlace rotundo de la muerte de su protagonista no desmerece este intento de esbozar el perfil gigante e indómito de Eleanor, un personaje reconocido en la mitología artúrica como la Dama de Shalott y que los relatos simplones han reducido a actriz de un amor imposible, algo así como: dama indefensa se enamora de caballero valiente y, en su intento de conocerle, muere por torcer su destino. Fin.
Porque Lady of Shalott es para los ojos de Iconos una dama valiente y rebelde que decide pisotear su mala ventura para intentar conocer al hombre del que se enamora en la distancia. Es consciente del importe de su osadía y aún así rompe el compás, rompe la letra y perturba la armonía de la canción envolvente que entona en su encierro.
Desde la atalaya, Lady of Shalott cumple el destino envenenado de tejer los más bellos paños sobre los caballeros de Camelot sin poder observar directamente con sus ojos el reino mítico sin poder observarlos directamente.. Sólo puede hacerlo a través de un espejo en el que se refleja al detalle los movimientos de los guerreros artúricos y que permanece a su lado, siempre, junto al telar.
Canta la dama para endulzar la amargura de sus días enteramente dedicados a anudar en la urdimbre las crónicas del Camelot reflejado. Anuda sueños y resignación, valentía y resignación, poder y resignación. Siempre resignación. Hasta aquella mañana en la que, del caballo de crines doradas, desciende el hombre con el que desea cruzar la mirada. Entonces Lady of Shalott retira la mirada del espejo y gira su rostro hacia la ventana, donde fija las pupilas en los ojos de Lancelot.
El telar se quiebra y se quiebra el espejo. La maldición se desata. Las telas escapan volando por la ventana y conforman la barcaza sobre la que la Eleanor fluye hacia su agonía y también hacia su amor. Sabe que la rebeldía se cobrará hasta el último de sus latidos pero ¿qué clase de vida merece ser vivida si en ella no está lo que se ama?
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| Cuadro completo de Waterhouse, basado en un poema de Lord Tennyson |
Este cuadro del considerado último pintor prerrafaelista, John William Waterhouse, está inspirado en el poema Lady of Shalott de Lord Alfred Tennyson, que a su vez se basó en una leyenda artúrica.
"Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró a la Dama de Shalott."
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró a la Dama de Shalott."
























