
A Santa María de Taüll hay que entrar cuando el sol está a punto de ser engullido por la montaña. Ese es el momento en el que los rayos atraviesan el vano del muro principal para convertir una estancia oscura y fresca en un sueño lento en el que minúsculas motas de polvo dorado se suspenden en el aire. Si el visitante es ateo, la atmósfera del templo y su luz en ese preciso instante, le hacen dudar de su descreimiento.
Las pinturas del ábside se iluminan tocadas por la divina incandescencia solar, mostrando el esplendor recuperado tras muchos años –siglos- de clandestinidad. Es la Epifanía, con una virgen de grueso cuerpo, adornada por una toca azulada y una túnica rosácea, que sostiene sentado en el regazo a un hijo que bendice al que llega a sus pies. Junto a ellos,Melchior, Gaspas y Baltasar, los reyes de Oriente, que le ofrecen regalos sobre un plato dorado. Bajo esta escena, cuatro apóstoles, abrazados por los trazos multicolores de una arquería, y enmarcados, a los pies, por los entrelazados medallones de animales.
Dicen los estudios sobre la decoración pictórica en las iglesias de la Edad Media que éstas estaban decoradas en su totalidad, tanto por dentro como por fuera. Los más pudientes encargaban una escena completa a un maestro pintor –que daba coherencia y estilo al conjunto- y los que disponían de menos recursos iban poc a poc, que dirían en estas tierras, completando los iconos de sus templos a medida que conseguían fondos para pagar a los artesanos.
San Joan de Boí es una muestra evidente y clara del interés en el Románico por hacer bellas sus
enseñanzas religiosas. Todavía hoy, el visitante puede admirar las pinturas del exterior y los apuntes que los artesanos hicieron sobre el muro, como antesala de la profusión de ocres, azules y rojizos del martirio de San Esteban y de las profecías de Daniel que abarrotan las paredes del interior. Se conservaron a pesar del terrible incendio que asoló la iglesia en el siglo XIII y que hizo que parte de su torre cayera. No fue, entonces, la bella leyenda sobre los celos de San Joan por el amor de Clemente y Eulalia (como conté en la entrada Atravesamos el Paraíso) aunque una vez más los cuentos son más hermosos que la realidad. En San Joan quizá no exista la magia de Santa María o de San Climent, pero el curioso ve colmadas sus aspiraciones de encontrar tesoros.
Es San Climent la alhaja de la corona del Valle de Boí. Aunque también estuvo ricamente decorada, han llegado hasta nuestros días únicamente las pinturas del ábside central, de uno de los absidiolos y de las claves de algunos arcos. Es el Pantócrator de Taüll probablemente el cristo más conocido de 










4 comentarios:
Tus descripciones y reflexiones son una invitación a recorrer caminos recónditos en busca de ermitas perdidas donde se guardan auténticas reliquias del arte medieval. Para el creyente, será un forma de afianzar su fe. Para el no creyente (ateo o agnóstico)será una exploración por los caminos del arte, por las capacidades y sueños del ser humano. Aunque la luz, esa luz que tan bien describes (ese "sueño lento")le emocione tanto como al creyente. Hermosas descripciones (con una pequeña deriva hacia el barroquismo en el lenguaje) que hablan de una luz azul y de un mundo de ficción que deberías transitar. Besos.
Buenos días, Anónimo. Muchas gracias por tu comentario y me alegro de que las descripciones del Valle de Boí puedan ser una invitación a iniciar nuevos viajes. Cuánta razón tienes al afirmar que viro levemente hacia el barroquismo en el lenguaje!!. Espero evitarlo el día que me decida a poner en práctica tu consejo de transitar ciertos mundos..Un abrazo.
Hola.
Me añado al grupo de los que piensan que las descripciones que hacen son bellas, ¡¡¡a pesar del barroquismo!!! ;)
Todo en su justa medida: texto, lenguaje, imagenes, transmisión de ideas y buenas sensaciones.
Es una pena que los "Cloisters" depredaran parte del bien cultural existente por aquellos tiempos, mal administrados y/o mal valorados. Pero entonces existian otras necesidades mas apremiantes que la vida opulenta de hoy puede pensar en criticar.
Por cierto, coincido plenamente contigo en que a Sant Joan de Boi hay que ir ala tardecer. Diria que a mi me sucedió igual, pienso que barren el suelo a eso de las 18:00 de la tarde para crear el efecto "neblina". ;)
Un saludo... y felicidades por el blog!!
La hora mágica, Cabestany. Aún siento la sensación de sorpresa que me produjeron las pinturas con esa luz.
Un abrazo.
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