Mamá ¿de dónde vienen los números?


Su pregunta saltó en ese rato vespertino en el que mis infantas se dedican a completar sus tareas escolares. En esta casa las matemáticas sólo son amigas para terminar el mes, así que la preguntita era de complicada contestación. Me escabullí como pude entre ábacos, griegos y árabes, y a trompicones les di una respuesta poco satisfactoria para dos personitas juguetonas de escaso tamaño. Afortunadamente otra cosa les llamó la atención en ese instante y tuve tiempo y ocasión de comenzar a pensar y a indagar en el origen de los números.

Más allá de que fue a través de la cultura árabe, realmente poco sabía acerca de cómo llegó hasta aquí la numeración que usamos con tanta naturalidad cada día. Recuerdo haber estudiado los números romanos (un poco absurdo que se llame numeración, si se basa en letras, un misterio matemático debe ser), conocimiento que sirve para reconocer antiguas dataciones pero poco útil para hacer la compra semanal.

Los árabes, una vez convertidos al Islam, se expandieron hacia oriente, donde tomaron contacto con el sistema de numeración indio. En poco tiempo, sus matemáticos no sólo habían asimilado el sistema oriental sino que lo habían desarrollado ampliamente. De principios del siglo IX (para esto también sirve el sistema romano) data una de las calificadas como mejores aritméticas que los árabes compusieron, llamada Al-Gabr. Su autor, Al-Jwarismi, uno de los padres del álgebra, trabajó en la Casa de la Sabiduría de Bagdad, bello nombre para una bella institución creada por el califa intelectual que inspiró Las mil y una noches para el conocimiento y el desarrollo de la filosofía, la astronomía y las matemáticas.

De Al-Jwarismi no nos llegó su libro sino una versión latina del siglo XIII, pero sí se sabe que en él explicaba la forma de representar los números usando el sistema y las cifras hindúes, así como la forma de realizar las cuatro operaciones fundamentales: suma, resta, multiplicación y división. De su nombre derivan los vocablos algoritmo y guarismo y de sus estudios nos llega también el concepto de número cero. Al-Jwarismi usó la voz árabe “sifr” para referirse al vacío, al cero, y desde el Renacimiento la traducimos al castellano como cifra -al francés chiffre y al alemán ziffer- y además le ampliamos su significado al resto de los números. “Sifr” dio lugar a también a “zephirum” –usada por Fibonacci en su Liber Abaci, donde recoge la famosa serie numérica y casi mágica 1,2,3,5,8..- y de ahí se convirtió en nuestra actual manera de decir cero.

No sólo fueron los árabes los portadores de nuestro actual sistema numérico. En este viaje de oriente a occidente, los guarismos vinieron en las alforjas de los mercaderes y comerciantes. La cuestión es que los números tal y como los usamos llegaron a nuestras tierras. Pero ¿cómo los asimilaron nuestros matemáticos de la Edad Media?

En este punto de mi casera investigación se ligan los números, las cifras, el cero y la pregunta de mis hijas con los iconos medievales. En el Monasterio de El Escorial se conserva el Códice Vigila, un manuscrito elaborado por el monje Vigila a finales del siglo X y que es considerado el registro más antiguo que se conserva con las nueve cifras –el cero no aparece- escritas con los caracteres que usamos hoy en día. Únicamente los números 3, 4 y 5 aparecen con una grafía levemente distinta.

El Códice Vigila es extenso y hermoso por su edad, por su importancia, por su significado y por su belleza, y es también un símbolo del esfuerzo de los monjes cristianos por asimilar la cultura de Al-Andalus. Se abre con una crónica desde el principio del mundo y continúa con tablas solares y lunares y con algunos apuntes aritméticos que pudieron haber sido extraídos de diversos estudios de San Isidoro de Sevilla.

Pero el códice no es sólo un documento matemático de primera fila que además incluye cánones, noticias y leyes visigodas. Es también un compendio de numerosas y valiosas miniaturas por las que desfilan Adán y Eva, unas bestias que cabalgan entre lo real y lo imaginario, y papas, frailes, copistas, arqueros, soldados, reyes y santos…decenas de personajes de trazos toscos. Cierra el códice un retablo en el que aparecen encuadrados y alineados tres monarcas visigodos, otros tantos cristianos y los autores de la obra: el monje Vigila, su socio Sarracino y el ayudante García.

Es la de los números una historia apasionante con decenas de ramificaciones en sánscrito y en maya pero.. ¿y si mis hijas repiten la pregunta?.