miércoles, 9 de enero de 2013

Decir rojo



En Medinaceli. Foto Jesús Reolid
En el mundo de los colores llamarse rojo es llamarse poder. Rojo es dominio, pasión y fuego, cuatro fonemas que arden las mejillas y los cabellos salvajes, sílabas que avivan las fresas, los tomates, la sangre, el amanecer.

Rojo es la vida y la muerte, el principio y el fin, que escribió Pamuk. Roja es la boca del amante, su lengua y el ardor. La irrupción de la naturaleza roja es, como la frescura cucurbitácea, oronda y jugosa. Rojo es el rubor de la inocencia sobresaltada, rojo es el carmín que usted siempre quiso probar, también la manzana pecante a la que deseó hincarle, hambriento, el diente.

Roja es la piel frotada por el beso y el beso mismo. Soy roja como las rosas que lo son, como los geranios descarados y los ríos de cinabrio, como las bayas del tejo y del acebo, como la grana brillante de la granada, como el aroma del narciso, como la chispa, la lava y la llama.

El rojo –los rojos- siempre ha sido un color importante.

En la Edad Media rojo era decir cinabrio, minio, quermes –casi como un dios griego- rubia y palo de brasil, rojos ellos de distinta bravura y matiz.

Las entrañas de Almadén vomitaron, hasta quedar exhaustas, ríos de cinabrio con los que se inventó este color. Aun la tierra conserva aquellas cicatrices, como de cesárea, de madre agotada y plena por haber parido tal color. Quizá tengan razón aquellos que cuentan que los árabes inventaron un rojo cinabrio artificial, en el siglo VIII, conseguido al mezclar mercurio y sulfuro en una vasija de arcilla vidriada, que se calentaba al fuego hasta que comenzaba a respirar humo enrojecido.

El minio se preparaba tostando el pigmento blanco de plomo hasta lograr, sin quemarlo, el color rubeum, que llena la boca como si fuera dulce de leche, tostado en su punto: rubeum, rubeum. El quermes –rojo elegante y alado, como el dios heleno- se extraía de las hembras del insecto Coccus ilicis desecadas y trituradas, y el color púrpura –el colorante más apreciado en la Antigüedad según el Libro III de la Historia Natural de Plinio- con ese brillo intransferible por el que destaca, se conseguía añadiendo al pigmento orina fermentada.

La rubia y el palo del Brasil  eran plantas del sudeste asiático de las que se extraía un rojo muy apreciado en la tintura textil. Los recetarios medievales hablan de otros rojos, como el pigmento laca preparado de hiedra y de sangre de dragón, un exudado resinoso de árboles como el Daemonorops draco que crece en Asia, Canarias y Marruecos.

Métodos para lograr el colorante hay tantos como matices. El recetario del siglo VIII Compositiones ad tingenda ofrece su manera de lograr el rojo: se tritura y cuece una cantidad indeterminada de gasterópodos y moluscos, el líquido que se obtiene se filtra y se reposa, porque este rojo requiere paciencia, la necesaria para que en la oxidación la sopa enrojezca, como enrojece el atardecer al caerle al sol la mirada.

En el mundo de los colores, decir rojo es decirlo casi todo. Rojo, rojo, rojo, rojo...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Ana... Por el bellísimo texto que acabo de leer, diría que ha inaugurado usted los miércoles de 2013 con envidiable fuerza y brillantez literarias. ¡Enhorabuena!

PACO HIDALGO dijo...

El rojo era todo y sigue siendo todo, Ana: la fuerza, la pasión, el deseo, lo hercúleo... Muy interesante este artículo sobre la extracción y como se conseguía los pigmentos de este color (minio, cinabrio, palo de brasil...), que luego se emplearon en la artesanía textil y en las técnicas pictóricas.
Aprovecho para desearte un buen comienzo de año. Besos.

Iconos Medievales dijo...

Estimado Anónimo: muy agradecida por su comentario. Ahora sólo espero estar a la altura de su afición lectora. Feliz año!

Querido Paco: la fabricación de pigmentos la explica maravillosamente Stefanos Kroustalis en un texto que ahora mismo no recuerdo su título pero que si te interesa te podría enviar. Muchas gracias y feliz año.

Borondon dijo...

Feliz año rojilla frutales. De ese tortuoso camino para conseguir tan hermoso color, mi favorito, hay huellas en las Canarias a dónde iban, dicen que los fenicios primero y los romanos más tarde a recoger el murex y a plantar la cochinilla que ahora campa por sus respetos y que,en cuanto te descuidas, re arruina las plantas. La conocida por esas latitudes como "sangre" de Drago tiene otras aplicaciones menos coloristas y más esotéricas, pero esa es harina de otro costal.
Bienvenida de nuevo, ya te echaba de menos ¡pardiez!

Iconos Medievales dijo...

Feliz año, inquieta isla! No sabía que el rojo fuera tu color favorito. Realmente es adecuado a tu manera de ser: enérgico, decidido, apasionado.

Muchas gracias por el aporte cultural, gracias por la re-bienvenida y danos pronto la noticia de que te reincoporas a eso que llaman blogosfera.
Un gran abrazo!

Jan dijo...

Ando estos días documentándome con textos sobre Kandinsky, el pintor ruso iniciador de la pintura abstracta, quien también dejara una amplia obra teórica. Entre ellas destaca "Sobre lo espiritual en el arte", donde tiene una parte dedicada las sensaciones personales que le despertaban los colores.
El rojo ocupa un lugar destacado en su escrito, te dejo unos fragmentos:

"El rojo, al que imaginamos como un color ilimitado y cálido, produce el efecto interior de un color vivo e inquieto, pero no posee la ligereza desbordante del amarillo, sino una gran potencia y tenacidad. Este ardor vibrante, esencialmente centrado en sí mismo y poco extravertido, es un signo de madurez viril (...)
El rojo cálido y claro (rojo saturno) tiene un cierto parecido con el amarillo medio (en efecto, contiene un pigmento amarillento) y da sensación de fuerza, energía, impulso, decisión, alegría, triunfo, etc. Musicalmente recuerda un sonar de trompetas acompañadas de tubas; es un sonido insistente, irritante y fuerte. En su tono medio (el cinabrio), el poderoso sentimiento del rojo gana aun en persistencia: es como una pasión incandescente y constante, como una fuerza centrada en sí misma e invencible, pero que se apaga con el azul como el hierro incandescente con el agua. (...)

Un placer leer tu entrada.

Iconos Medievales dijo...

Gracias, Jan! Habrá que leer y leer-te sobre las reflexiones de Kandinsky y el color. Él no escatimó en utilizar los colores más vivos del espectro, aquellos que probablemente nos conectan con las primeras sensaciones que recordamos.

Muchas gracias por venir. Un abrazo.